EL PODOLOGO EN EL CICLISMO

El ciclismo es un deporte de “repetición” donde pequeños cambios provocan grandes diferencias. La cadencia de un ciclista son unas 90 pedaladas por minuto que en tres horas de entrenamiento suponen unas 17.100 pedaladas el doble en un profesional. Son muchas repeticiones bajo la influencia de una mala adaptación  o alguna patología o alteración biomecánica de base.

El pie es el último elemento que trasmite la fuerza generada durante al pedaleo a la cala. El objetivo es “dirigir- bien – la fuerza”, es decir, que toda la potencia que generamos se dirija correctamente y de “la forma más lineal posible” a través de la cadera-fémur-rodilla-tobillo- ASA- arco del pie y se concentre en una “única zona” para transmitir todo esa fuerza de la forma más óptima posible.

En ocasiones, el pie, no se comporta de la manera más adecuada en el momento de transmisión de esa fuerza generada y “sucumbe” provocando movimientos de PRONO/SUPINACIÓN  y por tanto generando una dispersión de fuerza a nivel del cala-pie y alteraciones como “bostezo en valgo-varo” a  nivel de rodilla y rotaciones de cadera de forma que somos vulnerables a lesiones típicas del ciclista, de las que hablaremos más adelante, y como no a una pérdida de rendimiento.

El objetivo del podologo sera controlar esos movimientos esas alteraciones mediante plantillas  que controlaran nuestra articulación subastrabalina, dirigirán la fuerza hacia el cala-pie de la manera más óptima posible.

 

 

 

 

 

 

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